El puesto de director deportivo sitúa al dirigente en el centro de las mismas operaciones que las de un agente de jugadores, con la negociación de contratos de trabajo, la gestión de una masa salarial y el seguimiento de los traspasos. Desde la entrada en vigor del FFAR en enero de 2023, ejercer la representación de jugadores exige una licencia, la superación del examen de agente FIFA y el respeto de unas normas estrictas sobre los conflictos de intereses, especialmente restrictivas para un perfil procedente de un club.
Última actualización: 28/08/2026
Un director deportivo dedica sus jornadas a hacer lo que también hace un agente de jugadores. Negociar la duración de un contrato, encontrar el equilibrio entre una prima a la firma y un salario fijo, calcular lo que una masa salarial puede absorber o seguir un expediente de traspaso hasta la firma. La diferencia está sobre todo en el papel que desempeña cada uno durante las negociaciones.
Pasar de director deportivo a agente FIFA consiste, por tanto, más en asumir un nuevo rol y adaptarse a un nuevo marco jurídico que en aprender una profesión. Desde la entrada en vigor del FFAR (FIFA Football Agent Regulations) en enero de 2023, la representación de jugadores exige una licencia, la superación de un examen oficial y el respeto de unas normas sobre conflictos de intereses que apuntan precisamente a los perfiles procedentes de los clubes.
Veamos ahora qué puede conservar un dirigente de su experiencia, qué le prohíbe el reglamento y cómo abordar el examen de agente FIFA con este tipo de trayectoria.

Los directores deportivos que desean reconvertirse hacia la profesión de agente deportivo no lo hacen por los mismos motivos, pero hay cuatro razones que se repiten con frecuencia. La relación con el mandato, la exposición del puesto, el techo salarial y la reciente reestructuración de la profesión. Ninguna basta por sí sola, es su acumulación la que desencadena la reflexión.
Un director deportivo defiende a una institución, cada contrato que firma se concibe entre una necesidad deportiva y una limitación presupuestaria, y cierra con regularidad acuerdos que considera deportivamente discutibles porque el equilibrio financiero del club así lo impone.
Un agente FIFA hace lo contrario, acompaña una carrera a lo largo de varios ciclos y su objetivo no depende de los resultados de un equipo. Este paso del mandato colectivo al mandato individual constituye a menudo la motivación principal.
La estabilidad de esta función sigue siendo limitada en el fútbol profesional. Un cambio de presidente, un descenso de categoría o una serie de resultados desfavorables bastan a menudo para provocar una reorganización del organigrama deportivo, y la dirección deportiva es uno de los puestos más expuestos a estos movimientos.
Los datos disponibles sobre este puesto siguen siendo limitados, pero el sueldo medio de un director deportivo en España se estima en 30.000 euros brutos anuales, mientras que la horquilla salarial habitual se sitúa entre 28.000 euros (percentil 25) y 47.500 euros (percentil 75). Los niveles de remuneración que suelen manejarse para un director deportivo son los siguientes:
Estas estimaciones ponen de manifiesto un techo salarial que se alcanza bastante pronto, ya que únicamente una minoría de puestos situados en la élite logra rebasar esa franja. Un agente con licencia se remunera a comisión, un modelo más arriesgado al principio pero con un potencial de ingresos directamente ligado a los contratos que consigue cerrar.
El FFAR puso fin a la etapa de los intermediarios sin licencia. Ejercer esta profesión exige ahora una licencia individual, un examen oficial y el registro en la plataforma de la FIFA. Para un dirigente acostumbrado a las exigencias de cumplimiento normativo de un club, este endurecimiento aparta sobre todo a una competencia oportunista.
Un director deportivo no descubre lo que es un contrato de jugador, negocia varios por temporada. El salario fijo, las primas por objetivos o una indemnización por rescisión, cada parámetro le resulta familiar como punto de discusión real y no como noción teórica. Aborda por tanto el temario desde la manera en que la FIFA regula unos mecanismos que ya practica.
Pocos perfiles son capaces de evaluar con rapidez si una oferta encaja en la capacidad financiera de un club. Un director deportivo lo hace de forma permanente, teniendo en cuenta el peso de un salario dentro del conjunto de la masa salarial y la amortización de una indemnización por traspaso. Esta lectura permite optimizar una petición de manera creíble.
La red de un dirigente se sitúa del lado de quienes deciden, con los presidentes, las demás direcciones deportivas y las áreas de captación. Esta agenda abre las puertas de las personas que firman. También impone una vigilancia, puesto que esos mismos interlocutores se convierten en contrapartes desde el momento en que el antiguo dirigente representa a un jugador.
Un director deportivo sigue una operación completa, desde la identificación de un objetivo hasta la inscripción del jugador. Periodos de inscripción, certificado de transferencia internacional (ITC), declaraciones en el Transfer Matching System (TMS), coordinación con el club cedente, estas etapas componen su día a día administrativo.
| Bagaje del puesto de director deportivo | Traslado a la profesión de agente | Lo que el examen FIFA exige además |
|---|---|---|
| Negociación de contratos de trabajo | Elaboración del contrato de representación | Menciones obligatorias y duración máxima de dos años prevista por el FFAR |
| Gestión de la masa salarial | Calibrado de una oferta y de la comisión asociada | Límites de comisión aplicables según el cliente representado |
| Tratamiento de los traspasos de entrada y de salida | Posicionamiento de un jugador en un mercado | Normas del RETJ sobre los periodos de inscripción y el ITC |
| Relaciones con presidentes y direcciones deportivas | Acceso directo a quienes deciden en una transacción | Identificación de los conflictos de intereses en el sentido del FFAR |
| Aplicación de los procedimientos internos de cumplimiento normativo | Obligaciones de declaración en la plataforma de la FIFA | Procedimiento ante la Sala de Agentes del Tribunal del Fútbol |
El FFAR establece además una obligación fiduciaria. El agente deportivo debe actuar en todas las circunstancias en el mejor interés de su cliente. Para un antiguo director deportivo, acostumbrado a arbitrar entre varios intereses dentro de un club (jugador, plantilla, presupuesto), este paso hacia un mandato exclusivo y personal cambia la naturaleza misma de la decisión.
El puesto de director deportivo prepara para la negociación y para el seguimiento administrativo de un traspaso, pero deja de lado tres competencias centrales de la profesión de agente.
La elaboración de un plan de carrera para el jugador a tres o cinco años, que integre la elección de los clubes, la exposición mediática y el proyecto familiar. El packaging del jugador, book de vídeo, data pack, posicionamiento ante los captadores, un saber hacer alejado del día a día de un club.
La gestión de los ingresos ajenos al salario, patrocinio, derechos de imagen, marca personal, toda una parte de la profesión de agente que un director deportivo nunca practica mientras está en el cargo.
Este es el punto que más subestiman los candidatos procedentes de los clubes. El FFAR parte de la base de que una misma persona no puede servir a dos intereses opuestos dentro de una misma operación, una lógica que apunta directamente a los perfiles de dirigentes.
El artículo 5 del FFAR fija las condiciones de elegibilidad para la licencia. Una persona que ocupa un cargo oficial o un empleo en la FIFA, en una confederación, en una asociación miembro, en una liga o en un club no es elegible. Un director deportivo en activo no puede, por tanto, ser titular de una licencia de agente y conservar al mismo tiempo sus funciones.
El mismo artículo descarta otros intereses cruzados, en particular la titularidad de una participación en un club, y exige la ausencia de servicios de agente prestados sin licencia durante el periodo anterior a la solicitud. La reconversión requiere por ello abandonar claramente el club antes de ejercer como agente.
El principio establecido por el artículo 12 del FFAR es que un agente solo presta sus servicios a un único cliente dentro de una transacción determinada. La única excepción admitida se refiere a la doble representación de un jugador y del club que lo incorpora, es decir, la engaging entity, siempre que ambos clientes hayan dado su consentimiento explícito, escrito y previo.
| Configuración dentro de una misma transacción | Permitida | Condición o base |
|---|---|---|
| Representar únicamente al jugador | Sí | Principio general de un cliente por transacción |
| Representar al jugador y al club adquirente (engaging entity) | Sí | Consentimiento explícito, escrito y previo de ambos clientes |
| Representar al jugador y al club cedente (releasing entity) | No | Configuración prohibida |
| Representar a los dos clubes de la operación | No | Configuración prohibida |
| Representar a las tres partes | No | Configuración prohibida |
Para un antiguo dirigente, la vigilancia se centra en las situaciones en las que la proximidad con un club podría dar lugar a una apariencia de doble mandato. El reglamento razona por transacción, no por relación general.
El FFAR regula asimismo la remuneración del agente, límites de comisión según el cliente representado, normas sobre quién puede pagar, obligación de transparencia y de facturación a través de la plataforma de la FIFA. Para un dirigente acostumbrado a negociar salarios y primas desde el lado del club, esta parte del reglamento exige un aprendizaje específico, ya que no coincide con ninguna práctica del puesto de director deportivo.
El FFAR impone una trazabilidad de las operaciones y una declaración de las transacciones en la plataforma de la FIFA. Los incumplimientos son competencia de la Sala de Agentes del Tribunal del Fútbol, cuyo funcionamiento se describe en las reglas de procedimiento del Tribunal del Fútbol. Este texto y el reglamento de la FIFA sobre agentes figuran en el temario oficial del examen, en la edición vigente del material de estudio.

La prueba consta de 20 preguntas tipo test que deben resolverse en 60 minutos, con un umbral de aprobado fijado en el 75 %, es decir, 15 respuestas correctas sobre 20. Desde la convocatoria de 2025 se celebra íntegramente en línea, tras la circular nº 1919 de la FIFA.
La tasa de éxito oficial fue del 18 % en 2025 a escala internacional, para 7.745 participaciones. La experiencia adquirida en un club ayuda a comprender los mecanismos de la profesión, pero un director deportivo trabaja también con usos nacionales y costumbres de negociación, mientras que el examen se basa en los reglamentos de la FIFA. Responder apoyándose en la propia experiencia en lugar de en el reglamento figura así entre las causas de suspenso más frecuentes en los perfiles con experiencia.
Entre los candidatos preparados en la plataforma SportsAgent Institute, el 97 % aprueba el examen. Los cursos y explicaciones redactados por juristas especializados en derecho deportivo recogen cada documento del temario, las preguntas verifican la memorización texto por texto y los simulacros de examen reproducen las condiciones oficiales del examen.
La transición exige una organización particular, ya que un dirigente no puede ejercer con licencia mientras siga en el cargo. Algunas referencias estructuran el proceso.
El preaviso, una eventual cláusula de no competencia y la fecha de salida efectiva determinan el momento en que puede presentarse la solicitud de licencia.
Un dirigente conoce a quienes deciden, pero no siempre a los jugadores y a su entorno. Resulta entonces necesario identificar bien las relaciones que pueden ser útiles en la profesión de agente de jugadores.
El funcionamiento de la plataforma de agentes de la FIFA regula la candidatura, la inscripción al examen y después las declaraciones.
La licencia de agente FIFA permite ejercer a escala internacional, pero determinadas operaciones realizadas en España siguen sujetas al Reglamento Nacional de Agentes de la RFEF, en vigor desde el 30 de noviembre de 2023. Un dirigente que ha desarrollado su carrera en un club español debe integrar esta doble capa reglamentaria desde la preparación de su expediente.
El material de estudio oficial reúne el conjunto de documentos sobre los que pueden versar las preguntas de la prueba, algunos de los cuales van más allá del ámbito de una dirección deportiva.
El ritmo de un dirigente en activo o en periodo de preaviso obliga a repasar en sesiones cortas y regulares, en lugar de concentrar la preparación en unas pocas semanas.
Dos trayectorias ilustran el paso de un puesto de dirección a la representación de jugadores, en dos épocas y en dos países diferentes, pero con un punto en común, el de haber conocido los clubes desde dentro.

Director general del Olympique de Marsella de 1989 a 1994, Jean-Pierre Bernès se movió al máximo nivel del fútbol francés antes de orientarse hacia la representación de jugadores. Expulsado por la Federación Francesa de Fútbol, fue rehabilitado por la FIFA en 1996 y obtuvo después su licencia de agente en 1999.
Se convirtió en uno de los agentes más influyentes de la Ligue 1, con una cartera que incluía, entre otros, a Didier Deschamps, Franck Ribéry, Samir Nasri y Nabil Fekir. Su trayectoria muestra cómo un conocimiento profundo del funcionamiento de un club puede convertirse en una auténtica ventaja en las negociaciones.

Antes de construir una de las carteras más poderosas del fútbol mundial, Mino Raiola ocupó el cargo de director deportivo del club neerlandés del Haarlem. Esta experiencia como dirigente, pocas veces destacada, precede a toda su carrera como agente.
Esa experiencia le proporcionó una comprensión de las relaciones de fuerza entre los clubes, lo que constituyó después una verdadera ventaja en su actividad como agente.
Un director deportivo parte con una experiencia que pocos candidatos a la licencia pueden reivindicar. Conoce los contratos, las limitaciones de una masa salarial, las etapas de un traspaso y a quienes deciden en una operación. Este bagaje le otorga, por tanto, una ventaja de partida para comprender la profesión de agente.
Pero esa experiencia no basta para aprobar el examen. El FFAR impone una separación clara respecto a las funciones directivas, regula la representación múltiple y fija normas precisas para acceder a la profesión.
Para un dirigente, el principal reto consiste entonces en dejar de lado sus hábitos profesionales para responder a partir de los textos de la FIFA. Es esa capacidad de pasar de la experiencia al reglamento la que marca la diferencia el día del examen.